El tema de dormir a los niños es un asunto importante para muchos padres. Hay niños a los que basta con poner en la cunita, encenderles el móvil con melodías sobre la cabeza, darles el chupete, irse y se duermen solos. Pero son muchos más los niños que lo llevan de otra manera, tardan más, necesitan más contacto y, sencillamente, no congenian con la cuna. ¿Cuáles son las razones por las que los niños no quieren dormir en la cuna y qué se puede hacer al respecto?
Posibles motivos y cómo solucionarlos
- Reflujo - los bebés con reflujo prefieren dormir en posición vertical, con el padre o la madre teniéndolos sobre el hombro, y en cuanto los ponen en la cuna, se despiertan enseguida. Por desgracia, esta posición les provoca reflujo, lo cual les resulta incómodo. Durante el día se puede resolver llevándolos en un pañuelo portabebés o mochila portabebés. Para el sueño nocturno ayuda ajustar la inclinación de la cuna de modo que la cabecita quede más alta que los pies. Pero tampoco demasiado, para que el bebé no se deslice hacia abajo en la cuna. El colchón se puede elevar con libros o con una cuña especial.
- Problema en la columna cervical - durante el parto pudo producirse una bloqueo en la columna cervical y entonces a los bebés les cuesta estar tumbados tranquilamente sobre una superficie plana; prefieren el regazo de sus padres o un pañuelo portabebés/mochila portabebés. En este caso, lo ideal es visitar a un fisioterapeuta o recurrir a la osteodinamia, eventualmente también a la terapia craneosacral, y eliminar el bloqueo.
- Ansiedad por separación - los niños de alrededor de 8-12 meses tienen la llamada ansiedad por separación, cuando no pueden soportar alejarse de mamá, ya sea durante el día, estando despiertos, o al dormirse por la noche. La ansiedad por separación también puede aparecer más tarde, entre los 1,5 y 2,5 años. En este periodo pueden probarse y practicarse solo separaciones cortas, en las que el niño sepa que volveréis enseguida (ir al baño, a la habitación de al lado, jugar al escondite, etc.). Para dormir, conviene quedarse con el niño hasta que se duerma; podéis dormirlo en una cama grande y luego trasladarlo, o llevarlo temporalmente a vuestra cama y dormir todos juntos.
- Emociones negativas asociadas con la cuna - el niño puede despertarse por la noche, por ejemplo, debido a terrores nocturnos, o puede tener pesadillas y no sentirse a gusto estando solo en la cuna. Para esto, sin duda ayuda dormir juntos, ya sea en una cama grande o con la cuna sin un lado pegada a la cama grande.
- Dientes en crecimiento - para los niños es más cómodo dormir en posición vertical, porque les duelen menos los dientes. Durante la dentición, a los niños les gusta dormirse en brazos, con la cabeza sobre el hombro, en un pañuelo portabebés o en la mochila portabebés. Para los dientes podéis probar distintos geles o homeopatía, masajear las encías, mordedores refrescantes y dar el pecho con más frecuencia. Para el sueño nocturno ayuda dormir juntos, gracias a lo cual el niño se dormirá más rápido, aunque se despierte con más frecuencia.
Co-dormir
Si al niño no le molesta un problema físico por el que no quiere que lo dejen en la cuna, entonces la mejor solución para todos es dormir juntos. Es lo más natural, y sin embargo nosotros, como únicos mamíferos, lo rechazamos.
Muchos padres tienen miedo de aplastar a su hijo, pero eso no ocurre gracias a los instintos parentales. Quizá las primeras noches no os resulte del todo cómodo dormir, porque seguiréis buscando una postura adecuada, pero veréis que juntos os irá bien.
Co-dormir tiene muchas ventajas, como por ejemplo una lactancia nocturna más cómoda, el niño se sincroniza con la respiración de la madre y no se olvida de respirar (prevención del SIDS), y la mamá, por lo general, no llega a despertarse del todo y por tanto descansa mejor.
Si os atrae dormir juntos, entonces comprad una cama más grande para que quepáis todos y montadle barreras, gracias a las cuales vuestro hijo estará seguro y vosotros podréis dormir tranquilos. Como alternativa, acercad la cuna sin un lateral a vuestra cama y, cuando el niño os necesite, podrá llegar a vosotros rápida y fácilmente sin ningún problema.
Cuando no queréis dormir juntos en la misma cama
Algunos padres no son fans de dormir juntos, tienen el sueño ligero y necesitan su propio espacio, temen que luego ya no saquen al niño de la cama (paradójicamente, más tarde los niños mayores van a la cama de sus padres porque echan de menos ese contacto), etc. Entonces, ¿qué podéis probar?
- Acostumbrar al niño a dormir en la cuna también durante el día, para que juegue allí y se sienta seguro en ella.
- Tened la cuna en el dormitorio o pegada sin un lateral a la cama de matrimonio, para que el niño no se sienta solo. Es cierto que es co-dormir, pero no interfiere con el espacio de la cama matrimonial.
- Con niños más mayores podéis comprar ya una cama más grande y pegarla a la cama matrimonial o dejarla un poco más alejada, de modo que el padre o la madre y el niño puedan alcanzarse y, si hace falta, cogerse de la mano.
Lo más importante es probar la transición poco a poco, no forzar la situación y, si no se puede, simplemente aceptarlo, porque muchas veces eso ayuda más y entonces los cambios empiezan a producirse solos. Los niños perciben que los padres están tensos, que están nerviosos y entonces no quieren separarse de ellos.
Disfrutad de los momentos juntos; aunque pueda parecer que nunca terminará, creed que cada niño madura hasta independizarse y recordaréis con cariño los momentos de dormirse juntos y los mimos en la cama.





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