Autora del artículo: Iveta Bartošová
Los niños son curiosos por naturaleza y tienen ganas de aprender cosas nuevas desde el nacimiento. Poco a poco, a medida que crecen, aprenden a controlar su cuerpo, primero su motricidad gruesa (caminar, jugar a la rayuela, ir en bicicleta, etc.) y más tarde también su motricidad fina (pegar pegatinas, recortar papel, atarse los cordones, etc.). Es bueno que, antes de empezar la guardería, sean capaces de valerse por sí mismos en el autocuidado, es decir, al vestirse, lavarse las manos, usar el váter o el orinal, beber de una taza/vaso y usar los cubiertos para comer. Entonces, ¿cómo hacer para que el niño sea más independiente?
Entorno preparado
La condición ideal es el llamado entorno preparado. El concepto procede de la pedagogía Montessori y significa que el entorno en el que se mueve el niño (normalmente en casa) está preparado para él de modo que pueda realizar por sí solo diversas tareas. Por ejemplo, lavarse las manos (tiene un taburete junto al lavabo), ir a buscar la ropa al armario (la tiene a una altura a la que llega), colgar la chaqueta en el gancho, porque está a su alcance, etc. En un entorno así, el niño se siente bien, es capaz de hacer muchas cosas por sí mismo, por lo que no se frustra por tener que esperar a que usted tenga tiempo y usted tenga las manos más libres, y no tiene que prohibirle nada ni dejarlo esperando. En la guardería, entonces, lo llevará con la gorra, porque allí tienen todo adaptado para los niños.
Yo solo/a
En cuanto el niño empieza a decir yo solo/a, entonces es una gran oportunidad para dejarle hacer cualquier actividad que le entusiasme. Es sobre todo alrededor de los 18 meses cuando el niño muestra interés por todo. Procure no corregir al niño y, si no está haciendo nada claramente peligroso o que vaya a ensuciar más de lo que usted puede soportar, déjelo repetir la actividad. Su objetivo no es terminar algo, sino aprender repitiendo. Si barre las migas del suelo y luego las vuelve a echar allí y las barre otra vez, entonces justo está adquiriendo esta habilidad. Así que será estupendo dejar que el niño repita según lo necesite y, si no ha hecho el trabajo según sus expectativas, aun así felicítelo por su valentía al aprender cosas nuevas. Verá que, con el tiempo, se sentirá seguro en las actividades y realmente le ayudará con ellas. Si no ha apoyado esta etapa del desarrollo en los niños, entonces antes de empezar la guardería pueden boicotear cualquier intento suyo de fomentar su autonomía en el autocuidado. Tardará, por tanto, más tiempo en volver a cooperar con usted.

La práctica hace al maestro
Ni los adultos somos capaces de hacer cosas nuevas de inmediato a la primera, y mucho menos los niños pequeños, que necesitan repetir mucho más. Si quiere que el niño se vuelva más autónomo, por ejemplo al vestirse, es necesario darle cada día oportunidades para practicar y mejorar. Si es capaz de ponerse la camiseta, pero está del revés, o se pone el gorro y el dibujo queda detrás, déjelo así y felicítelo por haberlo logrado. Más tarde o al día siguiente habrá otra oportunidad de mejorar. Y es que, cuando usted hace todo por el niño, puede llegar a frustrarse porque en la guardería, por ejemplo, no es capaz de comer solo, mientras que los demás niños sí.
Jugar para que no haya aburrimiento
Algunos niños necesitan que todo se presente en forma de juego, tanto vestirse como atarse los cordones, peinarse o ponerse los zapatos. Estas actividades les resultan aburridas y no quieren ocuparse de ellas en absoluto, aunque sean necesarias. Así que pueden jugar, por ejemplo, a un desfile de moda y probarse distintas prendas del armario. Al beber de la taza, pueden chocar siempre las tazas y brindar, eso les encanta. O pegar la mitad de una imagen en cada zapato y mostrarle al niño que, cuando pone los zapatos uno al lado del otro y ve la imagen completa, los zapatos están correctamente preparados para ponérselos. Cualquier cosa que se les ocurra y que divierta al niño, aprovéchenla para desarrollar su autonomía.

La guardería puede motivar
Los niños más competitivos pueden sentirse motivados por el entorno de la guardería; es decir, en casa no les apetece hacer ninguna actividad por sí solos, pero cuando ven en la guardería a otros niños que son capaces de hacer muchas cosas solos, entonces también quieren aprender a hacerlo. De repente tienen una enorme motivación por demostrar que ellos también pueden hacerlo sin ayuda. Así que, en cuanto el niño vuelva de la guardería diciendo que ya también es capaz de ponerse la camiseta como Maruška, felicítelo: solo necesitaba tiempo para llegar a ello por sí mismo, sin presión por parte de los padres.
En resumen
Desde el nacimiento, los niños tienen ganas de aprender y depende solo de usted qué oportunidades adecuadas les ofrezca para ello. El lugar ideal para aprender es un entorno preparado, en el que el niño se sienta seguro y sea capaz de hacer muchas cosas por sí solo (por ejemplo, lavarse las manos gracias a un taburete o colgar la chaqueta en un gancho que esté a la altura de su hombro). Al mismo tiempo, es muy importante permitir la práctica, porque gracias a la repetición el niño aprende mejor lo que necesita. Algunos niños necesitan que las actividades más aburridas (vestirse, peinarse, atarse los zapatos) se aprendan en forma de juego, y aquí todo depende de su imaginación, porque usted conoce mejor a su hijo y puede intuir qué funcionará con él. A los niños más competitivos les vendrá bien ver a otros niños en la guardería cómo son capaces de vestirse, ponerse los zapatos, comer, etc. Puede ser una gran motivación para que ellos también aprendan todo eso y alcancen a los demás.
¿Cómo fue en su caso el proceso de hacerse más independiente? ¿Tiene en casa más bien un pequeño boicoteador o un niño curioso?





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