La introducción de los primeros alimentos complementarios es un tema muy importante. Es una etapa en la que ya no es todo tan “tranquilo”. No basta con dar el pecho o dar leche de fórmula. Ya hay que empezar a pensar en la alimentación del bebé. Hay distintas opiniones sobre cuándo empezar, qué alimentos introducir primero y también qué método elegir, porque no solo existe el más conocido. ¿Y qué pasa con la introducción de la clara de huevo y del gluten? Os lo hemos resumido todo en este artículo.
Cuándo empezar con los alimentos complementarios
En los niños no amamantados se recomienda empezar a partir del cuarto mes cumplido y, en los amamantados, a partir del sexto mes cumplido. Sin duda, lo mejor es dejar que sea el niño quien lo marque, para que él mismo determine si ya está preparado para los alimentos complementarios. Normalmente, alrededor de los 6 meses, los niños miran la comida que están comiendo los demás delante de ellos y muestran interés por ella. Si no muestran interés, no os desaniméis y seguid ofreciendo, pero sin obligar. El sexto mes cumplido se menciona sobre todo porque las reservas de hierro que la madre transfiere al niño ya se han agotado y es necesario complementar el hierro directamente con la alimentación. En los niños no amamantados se intenta sustituir cuanto antes la leche de fórmula por una alimentación de calidad, por eso se empieza antes. Si amamantas y a tu pequeño le faltan solo 5 meses y quiere probar la comida, adelante.
Qué forma de alimentos complementarios elegir
Podéis alimentar de forma clásica con cuchara con alimentos complementarios triturados o probar el método BLW (baby-led weaning), es decir, comida para agarrar con las manitas. El BLW consiste en ofrecer al niño lo mismo que coméis vosotros (sin condimentos), pero en una forma que pueda manejar y comer, normalmente sin dientes. Por eso es necesario cocinar los alimentos y cortarlos en trozos que los niños puedan sujetar con la mano, es decir, en forma de bastoncitos. Si podéis aplastar ese bastoncito sin problemas entre los dedos, un niño sin dientes también podrá manejarlo con sus encías. Luego él mismo decidirá qué come y en qué cantidad. Con este método hay que vigilar el atragantamiento. Por suerte, los niños tienen un reflejo nauseoso muy desarrollado, así que no se atragantan fácilmente con cualquier cosa, pero con los primeros alimentos complementarios conviene estar atentos hasta que se acostumbren a una comida más sólida.
Si os decidís por el BLW, armáos de paciencia, porque el niño comerá despacio y, al mismo tiempo, contad con que habrá desorden por todas partes. Eso simplemente forma parte del proceso y no hay nada mejor que ver al niño descubrir la comida con todos los sentidos. Gracias al BLW no tendréis que preocuparos de que más adelante el niño no quiera comer trozos porque está acostumbrado al puré; eso lo habrá conocido desde el principio. Al mismo tiempo, tampoco tendréis que preocuparos por la cantidad que come, como ocurre con las comidas trituradas. El niño se regulará solo; vosotros solo daréis el pecho después de comer o ofreceréis leche de fórmula. Los niños son lactantes hasta el año, y eso no significa que a los 12 meses deban tener ya sustituidas todas las comidas por alimento sólido. Los pediatras se aferran en esto a recomendaciones anticuadas, así que guiáos por vuestra propia intuición. Vosotros conocéis mejor que nadie a vuestro hijo.
Qué alimentos introducir primero
Lo más habitual es empezar con verduras trituradas (calabaza, calabacín, boniato, zanahoria, etc.) y, al cabo de un mes, añadir carne y fruta. Sin embargo, también hay opiniones nutricionales que dicen que es mejor empezar con un caldo de carne más ligero, yema de huevo cruda e hígado triturado por su alto contenido en hierro y vitamina D. Y dado que la leche materna está compuesta en más de la mitad por grasa, cabe plantearse no empezar con verduras, que se componen sobre todo de carbohidratos, sino con algo más graso, como sin duda lo son la carne y los huevos.
Elijáis el camino que elijáis, lo importante es usar ingredientes de calidad, idealmente carne y verduras de agricultores y huevos de gallinas felices. Si no tenéis esa posibilidad, no os agobiéis y haced lo mejor que podáis en ese momento.
Qué pasa con la clara de huevo y el gluten
En muchos libros y artículos encontraréis información sobre la clara de huevo, que se supone que debe introducirse solo después del primer año de vida, y, por el contrario, sobre el gluten, que se debería introducir como muy tarde antes de los 7 meses por una posible alergia. Hoy en día, ambas cosas ya han sido desmentidas. En cuanto a los huevos, empezad sin duda con la yema; no obstante, la clara podéis introducirla antes del año y observar la reacción de vuestro hijo. Con el gluten, en cambio, no hace falta tener prisa; podéis introducirlo tranquilamente después del primer año. En lugar de alimentos con gluten, podéis ofrecer los sin gluten, como el mijo, la quinoa, el amaranto, el arroz, y diversificar los alimentos complementarios con lentejas rojas o guisantes amarillos.
Cuáles son los alimentos básicos
- carne de calidad y vísceras (caldos de carne y de huesos)
- verduras y fruta de agricultores
- huevos de gallinas criadas en libertad
- grasa de calidad: mantequilla, manteca, ghee, aceite de aguacate, aceite de coco, etc.
- productos lácteos sin azúcar: yogures, kéfires, nata
- frutos secos y cremas de frutos secos, semillas
- productos fermentados
- pescados y mariscos
- legumbres
- coco
- cereales
Sin duda, no os equivocaréis si ofrecéis a vuestro hijo alimentos reales y de calidad. Eso significa que le daréis comidas mínimamente procesadas industrialmente, nada de aperitivos, galletas ni mucho menos dulces. También es una oportunidad para que vosotros adoptéis un estilo de vida más saludable, porque si el niño no os ve comer nada insano en casa, tampoco lo pedirá fuera. Por supuesto, no podréis evitar distintas reuniones y celebraciones, donde os estarán esperando muchas tentaciones; dejad que el niño pruebe también aquello que le prohibís en casa, pero explicadle por qué no lo coméis allí. Luego él mismo decidirá si quiere seguir comiéndolo o no. Es una base fantástica para la alimentación en la edad adulta.
Os deseamos mucha suerte con la introducción de los alimentos complementarios. Sobre todo, no os estreséis por ello, porque habrá etapas en las que los niños comerán más y luego menos o nada. Algunos alimentos los niños los comerán solo después de la décima o la vigésima vez que se los ofrecéis. Así que ofrecédselos, ofrecédselos y seguid ofreciéndoselos. Ya se irá asentando todo.





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