Hoy en día, los padres a menudo se plantean la pregunta de si conviene o no llevar al niño a la guardería o mejor quedarse con él en casa. Es un gran tema y corresponde a cada familia valorar todos los pros y los contras. Sin embargo, cuando ya deciden empezar la guardería, seguramente querrán saber cómo afrontarlo para que no haya lagrimitas y todo vaya bien para todas las partes. ¿Cómo hacerlo?
Comunicación y juego de guardería
Es muy importante hablar con los niños sobre la guardería y prepararlos para lo que ocurrirá allí. Explíqueles cómo transcurrirá el día en la guardería, que iréis allí juntos por la mañana, luego os despediréis, el niño jugará con los demás niños, podrá explorar juguetes nuevos y después vosotros lo recogeréis y volveréis juntos a casa. Una actividad estupenda es también el juego de la guardería, en el que podéis representar cada paso, por ejemplo con peluches. Hablad también de los sentimientos que el niño puede tener en la guardería: miedo, tristeza, vergüenza, inseguridad, y de que está bien tener estas emociones y no ocultarlas. Y también de cómo trabajar con esos sentimientos, a quién acudir, quién le ayudará.
Una cosa favorita para llevar
Permitid al niño llevar a la guardería algún objeto favorito que le recuerde el hogar. Puede ser un peluche, un cochecito, una muñeca, simplemente cualquier cosa que le guste. En caso de miedo o tristeza, este objeto favorito puede ayudar al niño a calmarse.
No interrumpir la lactancia
En caso de que todavía amamantes al niño, no dejéis la lactancia solo por la guardería. El niño seguramente se las arreglará en la guardería sin el pecho y, cuando vuelva a casa, la lactancia será para él una gran oportunidad de relajarse después de un día exigente. La guardería puede ser emocionalmente muy dura para algunos niños, porque todo es nuevo: las profesoras, los niños desconocidos, los juguetes distintos, etc. Con la lactancia, el niño compensa el contacto con vosotros y estará más tranquilo.
Un padre tranquilo
Muy importantes al empezar la guardería son también las emociones del progenitor que lleva al niño a la guardería. Los niños perciben muy bien cualquier inseguridad, miedo o preocupación que el padre o la madre lleve dentro y pueden llorar o no estar de acuerdo con vuestra marcha al despedirse. Por eso podéis intentar implicar al padre, que suele estar menos alterado emocionalmente. Normalmente, los niños afrontan la entrada en la guardería mejor que los adultos.
Un amigo o amiga
Al niño le puede ayudar mucho que vaya a la guardería con algún amigo o amiga que conozca, por ejemplo, del parque infantil o de algún centro familiar. Entonces el niño tendrá aún más ganas de ir, porque sabrá que allí también pasará tiempo con su amigo o amiga, a quien conoce. Preguntad en vuestro entorno de mamás si sus hijos no van a la misma guardería.
Despedida en el vestuario
En los primeros días no deberíamos apresurarnos demasiado al despedirnos para que no sea estresante para él desde primera hora de la mañana. Por otro lado, tampoco deberíamos alargar la despedida demasiado. Vestimos al niño en el vestuario, le preguntamos si aún necesita algo de nosotros y, si no, le damos un beso, le abrazamos y nos vamos.
Días de adaptación
La mayoría de las guarderías ofrecen los llamados días de adaptación, gracias a los cuales los niños se acostumbran poco a poco a la guardería. Al principio puede ser, por ejemplo, solo una o dos horas al día, para que el niño conozca el entorno de la guardería, a las profesoras, descubra cómo funciona todo allí y pueda prepararse gradualmente para una estancia más larga en la guardería.
Solo por la mañana o solo algunos días
Si la guardería no ofrece días de adaptación, entonces es posible intentar llevar al niño solo por la mañana o solo algunos días de la semana e ir aumentando poco a poco, según cómo lo vaya llevando el niño.
No lo forzéis
El niño no tiene por qué empezar la guardería en cuanto cumple tres años, ni tampoco tiene por qué ir a la guardería en absoluto. Todo depende de la valoración de los padres y del acuerdo con el niño. En caso de que el niño experimente emociones muy intensas y no quiera ir a la guardería, le acompañen dolor de barriga o incluso vómitos, entonces no deberíamos forzarlo. Si aun así lo lleváramos, podría crear una relación negativa con la guardería y no querría ir allí en absoluto.
Por supuesto, cada niño es diferente y cada padre o madre tiene distintas condiciones laborales y económicas, así que actuad según lo que sintáis vosotros mismos, no según lo que diga el entorno o cómo esté configurado el sistema. Os deseamos un comienzo tranquilo en la guardería.





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