El endurecimiento al frío en adultos es hoy en día un tema bastante comentado, especialmente el endurecimiento mediante el método de Wim Hof. Y ya que nos endurecemos al frío, sin duda no deberíamos olvidarnos tampoco de nuestros hijos, para quienes menos ropa ayudará a tener una mejor inmunidad, un sueño de mayor calidad, una mejor salud mental y también apoyará el apetito. ¿Cómo y cuándo empezar con el endurecimiento al frío en los niños y qué hay que preparar?
Cuándo empezar con el endurecimiento al frío de los niños
Puedes empezar ya desde el nacimiento del bebé. Los lactantes todavía no tienen bien desarrollada la termorregulación, así que se enfrían o se sobrecalientan más rápido; sin embargo, si los expones incluso solo unos minutos al día al frío, ya sea fuera o en el agua, no les harás ningún daño. Lo importante es que siempre los calientes después de la exposición al frío. Así que puedes empezar a cualquier edad. Con los niños más pequeños irá más rápido, porque aún no serán tan delicados y les encantará probar distintos tipos de frío en su propia piel. El momento ideal para empezar es la transición de los días cálidos a los más fríos, es decir, con la llegada del otoño.
Cómo empezar a endurecer al frío a los niños
Puedes endurecer al frío a los niños de muchas maneras. Lo más fácil es empezar con el endurecimiento en el agua y después vestirlos con menos ropa en casa y fuera.
- Endurecimiento en el agua - cada día puedes bajar la temperatura del agua de la bañera en un grado, o al final del baño mezclar un poco de agua fría para que el niño se vaya acostumbrando poco a poco.
- Natación para bebés - la temperatura del agua en las piscinas destinadas a la natación de bebés se sitúa alrededor de 30-32°C, lo cual es bastante menos de lo que muestra el termómetro infantil al meterlo en la bañerita; por tanto, los cursos de natación os ayudarán con el endurecimiento de los niños de una forma suave.
- Menos ropa es más - no es necesario “abrigar” constantemente a los niños pensando que, de lo contrario, tendrán frío; mejor lleva una capa extra de ropa al salir y, si hace falta, ponérsela. Y es que si vas cambiando de ropa al niño constantemente, poco a poco dejará de notar si tiene calor o frío y se volverá delicado.
- Calentar menos - incluso en los meses de invierno ventila con frecuencia y no estés en una habitación demasiado calefaccionada; la temperatura ideal en casa es de alrededor de 20-22°C.
- Estad fuera haga el tiempo que haga - claro, si no hay grandes heladas por debajo de menos 10°C, ni granizo ni vendaval, salid con los niños siempre que sea posible.
- No vistáis a los niños más que a vosotros mismos - la excepción son los niños pequeños que van en cochecito, a quienes se les puede poner una capa más; en cambio, a los mayores más bien una capa menos, porque se calientan con el movimiento constante.
- Una habitación más fresca para dormir - ve reduciendo poco a poco la temperatura de la habitación para dormir hasta que el niño pueda incluso dormir con la ventana abierta en los días más fríos.
- Deja que el niño vaya desnudo en casa - esto también vale para los meses más fríos; no hace falta vestirlo enseguida, ya sea por la mañana al pasar del pijama a la ropa de casa o al revés por la noche al pijama.
- No te apresures al cambiar el pañal - puedes dejar a un bebé pequeño unos minutos desnudo mientras lo cambias; aprovecha ese tiempo, por ejemplo, para ponerlo boca abajo o para practicar los giros hacia los lados con un juguete o un sonido.
- Dormir fuera en el cochecito - si el niño duerme en un cochecito parado, déjalo dormir fuera haga el tiempo que haga y vístelo de forma adecuada; una capa extra en este caso es deseable, porque cuando dormimos la temperatura corporal baja.
Qué preparar al endurecer al frío a los niños
Como muchos padres tienen desde la infancia la idea de que sin gorro y guantes el niño se enfermará, que los pies fríos significan que el niño tiene frío o que llevar pantalones cortos en la nieve significa un resfriado seguro, mocos y tos, conviene prepararse mentalmente para el endurecimiento al frío de los niños.
- Relájate - una exposición breve al frío no perjudicará al niño en absoluto; al contrario, es beneficiosa y el niño con ello va fortaleciendo su inmunidad, se familiariza con otras temperaturas, que conoce en su propia piel, lo cual para él es una experiencia, y luego también podrá vestirse en consecuencia en el futuro. Así que despréndete de los patrones aprendidos y relájate en situaciones en las que tengas el impulso de controlar demasiado al niño y vestirlo enseguida.
- No impongas gorros ni guantes - a menudo los niños no quieren llevar gorros o guantes porque tienen calor o les limitan el movimiento. Así que no temas que el niño se enferme solo porque no lleva gorro o guantes. Muchos adultos, quizá la mayoría, tampoco los llevan y no por eso están enfermos.
- Endureced al frío de forma lúdica y da ejemplo - a los niños les gusta jugar y reír, así que lo ideal es ir al endurecimiento al frío de forma divertida, despacio, sin prisas. Y como los ejemplos arrastran, y con los niños esto vale el doble, podéis empezar a endureceros al frío junto con el niño: basta con dar un paseo descalzos sobre la nieve recién caída o probar cuán fría está el agua del río en otoño.
- No te fijes en las manos y los pies fríos - las manos o pies fríos no dicen nada sobre si el niño tiene frío; eso se comprueba en la nuca, bajo la camiseta en el pecho o en la muñeca y, si el niño está frío, añade una capa; si está sudado, quítale una capa.
- El niño te dirá cuándo tiene frío - no le preguntes constantemente si tiene frío; él mismo te lo dirá o lo notarás porque tiembla de frío. Perdónate frases como: “¿No quieres ponerte esa chaqueta?”, “¿No tienes frío?”, “¿No quieres el gorro?” etc.
- Prepara té caliente en un termo para salir - cuando estéis fuera experimentando con el niño y dejándolo descubrir el frío, os vendrá muy bien después un té caliente, que calentará maravillosamente al niño y os dejará tranquilos al saber que está tomando líquidos.
- Confía en el niño - respeta que los niños de alrededor de 2,5-3 años ya pueden decir por sí mismos qué se pondrán para salir. Si no te convence, deja que el niño experimente el frío y mete en su mochila otra ropa. Si el niño quiere correr descalzo por la nieve, por la hierba mojada, probar la temperatura del agua del río o incluso salir en ropa interior cuando tú te pongas una sudadera para salir, déjalo que experimente el frío en su propia piel. Lo más probable es que en poco tiempo tenga frío y quiera abrigarse más por sí mismo. Gracias a esta experiencia, la próxima vez sabrá que, cuando tú te pones una sudadera, estará bien que él también se la ponga.
No tengas miedo del endurecimiento al frío. Prueba poco a poco qué os conviene a ti y a tus hijos y verás que lo disfrutaréis, y un gran beneficio será una inmunidad reforzada y menos pañuelos llenos de mocos.





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